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Niñas bonitas, cerveza fría y buena música

Rodrigo Fierros / Pocos eventos me hacen salir de mi ciudad y gastar más de lo debido para poder asistir. Y uno de los que lo hace sin ningún esfuerzo es el Corona Capital. Este evento es un festival internacional de música principalmente alternativa y no muy comercial. Este año 2011 fue su segunda edición en la misma sede, el Autódromo Hermanos Rodríguez en la gran Tenochtitlan, de nuevo en el mes de octubre. Mi asistencia a este no empezó el mismo día que el festival, sino mucho antes.

Asistí a la primera edición por insistencia de un gran amigo con excelentes gustos musicales, de las aproximadamente 20 bandas que tocaban yo conocía escasamente a 5, sin embargo antes del festival me dedique a oír a las otras bandas. Excelentes. No había más que decir, buena música y un road trip con uno de mis mejores amigos, prometía. Y cumplió. Las razones por las cuales tengo un gran recuerdo de ese viaje en octubre del 2010 se repitieron en esta edición que me dispongo a compartir con ustedes. Espero con unas cuantas palabras transmitir el ambiente de un evento como este.

Lo primero que uno hace para asistir a un evento esperado es asegurar sus boletos. Pues eso lo hice (o por lo menos, creí hacerlo) desde el mes de julio, comprando mi boleto junto con otros amigos y amigas. La primera anécdota del viaje comienza el viernes 14 de octubre, un día antes del evento. Pocas  horas antes de salir hacia la ciudad de México Ticketmaster anuncia que todos los boletos comprados peor no emitidos, serán cancelado y el dinero, reembolsado. Catástrofe. La niña dueña de la tarjeta con al cual se hizo la compra se le olvido imprimir los boletos, y así, mi amigo, yo y otras 6 personas quedamos fuera de la jugada. Ni tardo ni perezoso vía telefónica, twitter y Facebook, me puse a buscar boletos como loco.

El primero lo conseguí con una niña que vivía en La Condesa en el DF, el precio: 900 (originalmente costaban 650). El segundo, a través de contactos fui a dar con un revendedor del DF, el precio: otros 1,000 pesos. Caros, pero ya teníamos entrada “asegurada”. Salimos de Querétaro a las 830pm rumbo a La Condesa pro el primer boleto, el segundo lo recogeríamos en la taquilla del evento. Después de unas 3 horas y unas perdidas del cual un tardío GPS nos sacó, llegamos por el 1er boleto. Todo en orden. Nos disponíamos a ir a San Ángel a descansar para el gran día, donde las bandas empezaban a las 11am y terminaban a la 1 de la mañana. Una parada en el famoso Salón Corona del centro capitalino para una Corona negra y una torta de pulpo en su tinta, era más que obligada. Después de cotorrear con conocidos y desconocidos, ahora si nos fuimos a dormir.

Despertamos a eso de las 9am. Un baño de agua fría y listos. Pactamos lugar y hora con el revendedor y salimos a pie de San Ángel dirigidos a desayunar y a tomar el famoso Metro del DF. Desayuno de campeones, una torta de pierna y chapata y una cerveza bien fría en Santo Domingo, nada mejor para el concierto de 4 escenarios que ya nos esperaba.  Tomamos el metro Miguel Ángel de Quevedo, fijándonos en los mapas y preguntando a policías como llegábamos al autódromo. Pintoresco viaje en el subterráneo. Vendedores ambulantes de CD´s piratas, plumas-linterna, chicles y rap se paseaban en los vagones. Gente de todo tipo iba y venía. Yo he estado en metros de muchas ciudades y note algo en especial en este. Me declaro incompetente para transmitir al lector mediante palabras tal sensación, es más sencillo si simplemente le aconsejo ir, sin prejuicios ni equipaje. Un rato después llegamos a nuestra parada, Puebla. Bajamos y caminamos hacia el recinto buscando a Enrique, el revendedor que nos iba a vender mi boleto. Nos dijo que estaba en la puerta 9, nosotros estábamos en la 5, eso significaba que estaba del otro lado del autódromo, rodeándolo eran más de 2 kilómetros. A caminar se ha dicho, a trotar más bien, con la prisa de no perdernos un segundo más del festival. El sol pegando a todo en la cara corriendo a las 12 del día en la capital nos hizo llegar empapados a la puerta número 9. Localizamos a Enrique. – 1300 por el boleto güero. ¡Ultraje! Ya habíamos pactado un precio, le replique. – Mi ambición me gana güero y pues así está la cosa. Su retorcida honestidad me hizo reír y mi orgullo me hizo decir que no. Después de 10 minutos encontré a uno chavos de Veracruz que daban uno en 1,200 que pude negociar a 1,100 y así obtener mi boleto.

Como describir la atmosfera. Gente de todo tipo. Hipsters, pandros, hippies, fresas, chacos, mirreys, vintages y punks. Un gran abanico de gente de todo tipo y lugares. Monterrey, Guadalajara, Veracruz, Querétaro, Guanajuato, estado de México y de todas las colonias del DF. Tribus urbanas aún sin nombre y wannabes al por mayor. Y buena vibra, se sentía la buena vibra. Muy organizada, la gente se movía por la pista hacia al entrada, pasaba por un control de seguridad y por fi entrabas a un día de olvidar todo excepto la música, la música por encima de todo. La música y las ganas de pasar un día como (al menos yo) solo lo tienes una vez al año.

Stands de condones, de ecología, de revistas, de música y de cerveza se extendían por toda la explanada. Vendedores de helados, refrescos (la cerveza se empezaría a vender hasta las 3pm) y dulces deambulaban entre la gente riéndose, buscando en sus mapas y sus folletos la ubicación y horario de su banda predilecta. Todo era relax y buena onda. Todo chido. Me dirigí con mi amigo al escenario llamado Corona a ver una banda que me gusta. The Boxer Rebellion, la cual por razones que aún me son desconocidas no salió a tocar, gran decepción. Nos fuimos a sentar a una de las numerosas carpas que estaban en la explanada simplemente para ofrecer una sombra. Ahí sentado, observando a la multitud ir de un escenario a otro, de un stand a otro, caminando bajo las lámparas apagadas hechas con botellas recicladas por una artista francés, me fije en la gran cantidad de niñas guapas que había. En verdad era notable. Y niñas no fresas, sino con buena actitud y pasos. Y al parecer no era el único que lo había notado, muchos otros hombres pensaban lo mismo que yo, observando el desfile de modas femenino ante nuestros cómodos asientos en el pasto.

Por fin tocaba la primera banda, Torreblanca. Casi desconocida para mí, fue una grata sorpresa. La mayoría de los fans eran tipo emos, pseudo punks o medio hippsters. Las canciones tenían acordeón, saxofón y teclados, muy eclécticas. Lo mejor del grupo, fue sin lugar a dudas su vocalista. Una chava guapísima con una voz extraordinaria que nos traía embobado a más de 2. En fin, el grupo termino y al ver que ya había venta de cervezas nos dirigimos por unas. Celestial. Es una buena palabra para describir el sabor de una cerveza bien fría  las 3pm en pleno rayo del sol durante un festival. Con bebida en mano nos dirigimos a la siguiente presentación. Ximena Sariñana, siempre me gusto su estilo de actuar y su onda. La verdad no había oído mucho de su música, pero sabía que valía la pena, Y lo valió, con un buen beat, una actitud excelente y hasta un dueto con Natalia Lafourcade, Sariñana dio un muy buen espectáculo. Hora de otra cerveza y por supuesto, otra banda. En el mismo escenario nos toco Austin Tv, un grupo que yo había visto en Querétaro hace ya casi 10 años. Y salieron, disfrazados de una combinación extraña entre ninjas y robacoches uno de los mejores grupos progresivos en México. La multitud era bastante más numerosa que en Torreblanca o Ximena. El vocalista tenía una vibra motivadora y relajienta. Tocaron viejas y nuevas y el público saltaba y cantaba al ritmo de este grupo chilango. Yo, fascinado. Al terminar, para no varias y seguir la costumbre, otra cerveza y cambio de escenario. Nos acercamos al escenario Corona Light a ver un grupo brasileño. Cansei De Ser Sexy era uno de los grupos que mi camarada más quería ver. Con ritmo electropop y compuesto de féminas, era un favorito de niñas hippsters, de las cuales nos vimos felizmente rodeados. Un gran show dieron las brasileras, hablándole al público en un precario  pero gran alabado español. Ahí si que bailamos, apretados, peor bailamos, haciéndonos paso poco a poco hacia el frente del escenario donde esperábamos a uno de los artistas más esperados del festival, el genial Moby.

No sé cómo le hicimos pero llegamos a estar hasta adelante en el escenario, después de casi una hora de tratar, no esperábamos menos. Llegan las 7:30pm y Moby sale al escenario. Para artista de su talla internacional y de la finura de su música, yo esperaba algo más sobrio. Que equivocado estaba. El pelón de lentes se trepo a los andamios, saludo a México y empezó  tocar uno de sus grandes éxitos, Natural Blues. Todos estábamos locos, saltando y cantando. Un primitivo –Gracias, muchas gracias- y después otra rola. Lo acompañaban su vocalista, una despampanante negra de gran afro y hermosa voz y su guitarrista, una nórdica de rubia cabellera y 2 metros de estatura. Todo el montaje era una visión musical de ensueño. Y como lo estábamos disfrutando. Después de canciones como Porcelain y Run On, dio un pequeño discurso sobre México, de cómo creía en él y de que dedicaba las siguientes canciones a nosotros. Lift Me Up y We Are All Made Of Stars. Sublime, se me enchina la piel de sentir las vibraciones del suelo de miles personas bailando y cantando esas excelentes canciones, de ver en atardecer en la gran capital y un músico como Moby creando música justo enfrente de mí. Un gran espectáculo que no olvidare jamás. La gente de mi alrededor, toda estaba emocionada y fuera de control, pero ante todo buena vibra, nada de violencia ni ganadallas, al contrario, nos ayudamos los unos a los otros a no caer o a ser aplastados. En esa tocada de Moby verdaderamente viví el Corona Capital. Música de primera y muy buena vibra.

Al terminar Moby, exhaustos, fuimos por un par de cervezas más para refrescarnos y llegar lo antes posible al siguiente espectáculo. Los fabulosos The Strokes. Esperamos casi hora y media en al cual me eche en el pasto a descansar un poco, pues ya llevaba más de 10 horas de pie. La gente se empezó a acercar más y más y a las 11 la multitud ya estaba lista para ver a la banda neoyorkina. Curiosamente, la diversidad de todo el festival se resumió a lado de mí. Unas cica muy guapa de tintes fresas a mi izquierda, un encapuchado de negro enfrente de mí, y un niño punk (del que me atrevo decir que era el fan más grande de The Strokes, pues bailaba como loco y se sabía todas y cada una de las letras del repertorio) a mi derecha, detrás, mi cuate. Los rockeros no defraudaron, tocando viejas y nuevas hicieron vibrar el suelo del recinto. Su espectáculo de luces y pantallas estuvo ad hoc, su vibrar ene le escenario muy buena. Sus cortas frases en español, alentadoras. Baile y baile, brinque y brinque y cante y cante. Cuando uno oye este tipo de grupos, sabe que cada vez que los vuelva a oír en al radio o en el iPod se acordara de ese momento en el cual los vio en vivo. Inigualable. Cuando termino el show, el paisaje era cándido, gente exhausta, zapatos perdidos por todos lados, cervezas y artículos varios (plumones, cds, sombrillas, sostenes, bolsas, etc.), inclusive yo encontré tirada una playera conmemorativa del concierto nueva, unos lentes y 200 pesos entre tal desorden. Con muy buen sabor de boca, dolor en las piernas y la cara asoleada me dirigí a la salida, sabiendo que al Corona Capital, regresaré el siguiente año.

N. del A. –  Cuando hablo de multitud o muchas personas en The Strokes o Moby o el festival en general, me refiero a más de 85 mil amantes de la buena música y la buena vibra.

Corona Capital

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