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Más pedal y menos motor

Ana Noriega / Faltan 10 minutos para las 20:00 horas de un miércoles, y en Querétaro la noche ha caído en su totalidad. Las calles del centro de la ciudad y las de sus alrededores están congestionadas por un tráfico que pareciera de la mismísima Ciudad de México. Trabajadores salen de sus turnos, alumnos terminan clases; hay mucho movimiento.

La avenida Universidad está particularmente atascada a causa de las diferentes obras que los gobiernos estatal y municipal llevan a cabo desde hace algunos meses. Uno de estos proyectos es la ciclo vía que se construyó en la avenida antes mencionada. Sin embargo, y tristemente, el carril destinado a los usuarios de bicicletas está ocupado, casi en su totalidad, por coches estacionados. Y a nadie parece importarle.

A las 20:30, me reúno en la calle General Corona, con un grupo de jóvenes que van uniformados con camisetas blancas. El líder el grupo, un joven de menos de 25 años, al que todos se dirigen con el nombre de Gama, reparte estampas con la frase “Prohibido Detenerse” escrita. Las pega en las espaldas y en las mochilas de los que nos vamos uniendo al grupo. Se trata de la Organización No Gubernamental “Un Techo Para Mi País”. Estamos ahí reunidos para rentar bicicletas.

Cuando cada uno de los 25 que formamos el grupo está montado en una bici, nos disponemos a atravesar el Centro Histórico para llegar al Cerro de las Campanas, lugar donde cada miércoles, se reúne un grupo de ciudadanos en un movimiento que se autonombró “Saca la bici”.

Antes de que den las 21:00 llegamos al punto de encuentro. Nuestro grupo es diminuto en comparación con el gran grupo de personas que ya está ahí reunido, y que sigue creciendo. Hay amenaza de lluvia, pero esto no es impedimento para que hombres y mujeres, niños y adultos, personas con todos los perfiles imaginables, estén reunidos para comenzar el recorrido por la ciudad que tiene 12 kilómetros de largo.

Algunos se ven experimentados; las bicis de aluminio con luces incluidas, los pantalones de lycra, los cascos. Otros, como los que conformamos el grupo de “techeros”, sólo llevamos las bicis y las ganas.

Entonces se escucha una voz que grita “¡buenas noches Querétaro!” y los ánimos empiezan a hacerse más evidentes. El dueño de esa voz es un joven que lleva bermudas y huaraches, y es el organizador del evento. Se vale de un megáfono para que su voz sea escuchada. Les da la bienvenida a todos los que nos encontramos ahí congregados, haciendo mención especial a los miembros de “Techo para mi país” y a todos los que por primera vez se animan a unirse al movimiento.

Minutos más tarde, y ya con algunos desesperados por hacerlo, comienza el recorrido. Los que no estamos acostumbrados a andar en bicicleta por la calle poco a poco nos vamos adaptando al ritmo del pelotón que está conformado por más de 500 personas.

El recorrido comienza en la avenida Universidad. El grupo de ciclistas detiene el tráfico de automóviles. Las miradas extrañadas de peatones y conductores luego se convierten en gestos de simpatía. Los organizadores del recorrido, distinguidos por chalecos verdes fosforescente, les devuelven el gesto con un enérgico buenas noches, invitándolos a que “saquen la bici” y se unan al pelotón, aunque los transeúntes no parecen muy interesados.

El recorrido continúa por la calle Ezequiel Montes. La noche transcurre y cada vez hay menos tráfico. Los negocios que quedan abiertos poco a poco van bajando sus cortinas de hierro para concluir un día más de trabajo. Algunos de los que conformamos el grupo de ciclistas nos distraemos con el folclor de las calles queretanas en su faceta nocturna, o con la majestuosidad del Ex Convento de Santa Rosa de Viterbo iluminado. Pero hay que mantenerse concentrado, pues el menor movimiento en falso podría provocar un accidente. Los organizadores se encargan de recordárnoslo con frecuencia, pidiéndonos que mantengamos el carril, y que dejemos las orillas libres para que pasen ellos.

Entres los ciclistas, se respira un sentimiento de liberación. Pedalean relajados, a sabiendas de que la unión hace la fuerza, y que incluso los microbuses se detendrán a darnos el paso al ver que somos tantos. Para mi, es un momento desestresante. Escucho las conversaciones de la gente, que hablan de los temas más aleatorios, pero que ninguna denota preocupación o enojo. Algunos cantan. La ciudad es nuestra.

El recorrido continúa por la avenida Constituyentes, después por Zaragoza y al llegar a la fuente del Tanque, nos desviamos por una estrecha calle de una colonia popular que desemboca en Ejército Republicano. Es impresionante el gran número de personas que salen de sus casas extrañados por la cantidad de bicicletas que inundan su calle.

Posteriormente atravesamos la colonia Carretas hasta llegar al boulevard Bernardo Quintana, y antes de dar vuelta en Constituyentes de nuevo, nos detenemos abajo del puente que hace un par de años no existía, y en donde se construyó una especie de parque que no inspira mucha confianza, pues no hay mucho más que un jardín. Hemos llegado a la mitad del recorrido y nos tomamos un merecido descanso.

El chico del megáfono aparece nuevamente. Nos recuerda que si bien las bicicletas que se rentan son propiedad de municipio, “Saca la bici” es un movimiento completamente ciudadano que se opone a la construcción de vías aéreas (como la que debajo nos encontramos) en la ciudad de Querétaro, y manifiesta su apoyo a la construcción de vías lineales que fomenten el uso de otros medios de transporte, como las bicicletas. La gente lo escucha con atención. Independientemente de cuáles sean las razones por las que cada persona se haya unido al recorrido, todos estamos unidos por una, y es el deseo de andar en bicicleta por la ciudad.

A las 22:00 se reanuda el pedaleo. A partir de ahora el recorrido se vuelve lineal, la avenida Constituyentes está prácticamente vacía, dándonos la oportunidad de subir la velocidad de nuestras bicicletas, y de abrir un poco más los espacios del pelotón.

Los gritos de ánimo y de apoyo a “Saca la bici” que se escucharon durante toda la primera parte del recorrido han cedido, y cada ciclista tiene la oportunidad de estar consigo mismo, disfrutando la noche, del ejercicio y de la compañía de cientos de desconocidos.

El olor y el hambre me hacen percatarme de la cantidad de taquerías que hay sobre esta avenida, y aunque tengo ganas de detenerme a cenar unos tacos, prefiero quedarme con el grupo, y estoy segura de que no soy a la única que se le cruzó la idea por la mente.

Damos vuelta en la calle Melchor Ocampo, cruzamos el Centro Histórico nuevamente. Es casi media noche, y el pelotón se va deshaciendo conforme nos acercamos al que fue nuestro punto de partida: el Cerro de las Campanas. Devolvemos las bicicletas de alquiler y nos despedimos, cansados pero felices de haber completado los 12 kilómetros.

En el camino a mi casa reflexiono sobre el movimiento y lo que representa. Es sólo una muestra del poder que tiene la fuerza ciudadana.

Si se continúan implementando este tipo de actividades, estoy segura de que el papel del ciudadano tendrá más peso en nuestro Querétaro, y serán formas pacíficas e incluyentes de hacer saber a nuestros gobernantes cuáles son las verdaderas necesidades del tejido social de una ciudad en crecimiento.

Categorías:Crónica
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