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México lindo y “qué-herido”

Mikel Iraola

–          Ya he elegido el destino para mi intercambio: México.

–          ¿México? ¿Estás seguro? Es muy peligroso… ya sabes, violencia, narcos…

–          ¡ME VOY A MÉXICO!

Esta fue la conversación que mantuve con mis padres en febrero de 2011, cuando les notifiqué mi intención de viajar a tierras mexicanas con motivo de realizar un intercambio en el Tecnológico de Monterrey. No sé si es por aquella reacción o por qué, pero desde aquella ocasión soy un tanto tiquismiquis y tengo  fijación especial en las noticias sobre México.

Cada día, al igual que mis padres, me dispongo a ojear las ediciones digitales de distintos periódicos españoles. Algunos más que otros. Como vasco que soy, uno de los primeros rotativos en leer es El Diario Vasco. A día 30 de octubre, son portada la derrota de la Real Sociedad ante el Real Madrid, el certamen coral de Tolosa, más reacciones sobre el cese a las armas de la banda terrorista ETA, etc. Más abajo, me llama la atención un titular: “Sexo, violencia y muerte en el metro de México D.F.”.

Este reportaje recoge varias historias negras ocurridas en el suburbano de la capital mexicana: violaciones, hurtos, asesinatos, suicidios, etc. Lo leo pausadamente, y llego a la conclusión de que, como si del pan de cada día se tratara, el metro defeño, al menos, es Jauja y los usuarios del mismo son sucios y maleducados. Pero la cosa no queda ahí. Al texto, le van acompañado dos vídeos de semejantes brutalidades. Hay un detalle, no tan detalle, que casi se me pasa por alto, y es que uno de los vídeos está grabado en el año 2009. Algo realmente novedoso, ¿verdad?

Sigo con mi lectura. Es turno del diario El País. En primera plana hay otra noticia vinculada a México. El titular dice lo siguente: “México, peligroso para periodistas”. ¡Vaya! El resto de la noticia se lo imaginan ustedes mismos. A los vagos, les ahorro las molestias y les hago un breve resumen: 70 asesinados, 12 desaparecidos, 137 violaciones, tararí, tarará.

Ya mosqueado, acudo al portal del periódico El Mundo. El hecho de que el país mexicano, no tenga presencia alguna en portada, no sacia mi mosqueo interior. No me conformo con lo que hay. Tiro de hemeroteca. El resultado es de 7 a 3. Parece que estamos hablando de un partido de fútbol sala. Pero no. Entre los primeros diez resultados (todos ellos de los últimos dos días), siete tratan sobre la violencia en México. Muertos y más muertos. Narcos para arriba, corrupción para abajo. La monotonía es dueña de las noticias latinoamericanas. Hay uno, en especial, digno de mención: “El rostro (amable) de Ciudad Juárez” se titula. Es una pequeña noticia sobre una iniciativa de ciudadanos, que preocupados por la imagen que se da sobre su población, decidieron mostrar los felices rostros de las personas allí afincadas. Lo triste es que esa iniciativa abarca la mitad de la noticia, dejando el otro 50% al tema de la violencia.

En dos días esas son las noticias, que han llegado a España de tierras mexicanas. También a mis padres. Como ven, el color amarillo se apodera en los tonos de las noticias, ya que no cabe más morbo en lo que a la violencia y al narcotráfico se refiere.

El País Vasco también ha vivido durante años una situación similar.  El hecho de que en Euskal Herria existiera una banda terrorista, ha servido de ‘chollo’ para algunos medios, que han sabido vender ejemplares a mansalva a base de mentiras y especulaciones. Esto, no ha servido más que para crear el mal y agrandar un conflicto que nunca debió empezar: que si uno dice esto, que si fulanito de tal dice lo otro, que si menganito ha reaccionado de tal manera…

Tal ha sido la manipulación que han llevado a cabo distintos medios, que me han preguntado varias veces por España profunda si salgo con armas a la calle, si veo matanzas o si explotan delante de mis narices la bombas que tanto abarcan los mass-media. Evidentemente sí, es totalmente cierto. Lo que no me explico es ¡cómo sigo vivo! (Nota: Nótese la ironía, porque tal vez algún incrédulo periodista ‘buscamorbo’ ya tiene titular para mañana). ¡POR FAVOR!

También me han preguntado los mexicanos sobre la imagen que se vende de su nación en el extranjero. Me avergüenzo ante esa pregunta. Los que preguntan, saben perfectamente cuál es la respuesta, pero buscan con esperanza a alguna persona que tenga dos dedos de frente de enterarse de que lo que se muestra es una pequeña parte de una cruda realidad.

Recuerdo especialmente a un taxista, que me hizo el gran favor de llevarme a casa un día de lluvia. Iba cargado, y sin nada para taparme. Monté en el coche y me empezó a hablar: de dónde venía, qué hacía en México… Después de un corto silencio, la pregunta de rigor: “¿Cómo se ve México en España?” La respuesta es austera: “Mal”. Es entonces, cuando le expliqué lo que he tenido que esclarecer una vez sí y otra también:

“Llevo tres meses en México y no he visto nada que se asemeje a lo contado en prensa. Es una pena que sólo lleguen lamentables noticias. Es evidente que pasa, como pasa en otros muchos sitios; por ejemplo, en los barrios colindantes a Madrid como Vallecas, Usera, Moratalaz, Tetuán o Carabanchel. Lo único que he podido derivar de lo visto de México es que es un país digno de visitar. Rico por su cultura. Bello por sus ciudades. Hermoso por sus paisajes. Agradable por su gente”.

A aquel buen hombre, si mal no recuerdo llamado José Juan, se le iluminó la cara de felicidad. Sólo le quedó agradecer desde su humilde postura nuestro comportamiento. Terminó diciendo un “ojalá todos pensaran como usted”, me dio la mano, le pagué, y se fue. Quién sabe si volveré a verlo, pero sin duda, ese día cenó contento.

Volvamos a mis padres. Digamos que tuvieron la enorme oportunidad de poder venir a visitarme. Tras pasar unos días en Querétaro, se dedicaron otros quince días a recorrer ciertas partes de México. ¿A que no saben qué fue lo primero que me dijo mi madre nada más volver de su viaje? “Quiero volver, es genial”. Le pedí que me repitiera, por si mis oídos habían transferido el mensaje. Lo hizo de la misma manera. “Quiero volver”.

Aquella frase me entró en el corazón. Y es que con tal de ver a su hijo, olvidaron los prejuicios por instinto. En el caso de no ignorar dicho convencionalismo, no hubieran tenido la oportunidad de visitar una ciudad tan encantadora como Querétaro, tan acogedora como Guanajuato, tan impresionante como la capital o tan atractiva como Mérida. Tampoco hubiesen gozado de una digna tranquilidad en la Riviera Maya después de un verano trabajador.

Su hijo, o sea, yo, si tampoco hubiese dejado de lado los tópicos, no hubiese pasado los mejores tres meses de su vida; no hubiese probado aquel coctel o aquel delicioso pescado frito en una de las islas de Ixtapa; no hubiese conocido a una gran cultura; no hubiese visto la verdadera realidad mexicana. En definitiva, no hubiese descubierto el gran tesoro que esconde México: las personas. Buenas o malas. Guapas, feas. Chicos, chicas. Pero personas. YO, no hubiera conocido a tanta gente que merece la pena.

Pienso en mi abuelo, a quien tampoco le hizo mucha gracia el hecho de que viniese aquí. Ahora tiene otra visión, pero me apena el hecho de que no haya tenido la oportunidad de conocerlo en persona, y probablemente no la tenga. Por ello no hay que desaprovechar las oportunidades que da la vida. Viajar es una de esas oportunidades.

Me duele en el corazón que muchas personas dejen de visitar países como México por miedo, por angustia a que les pase algo malo. Conflictos haylos, como en todos los sitios. Ojalá se arreglen pronto. Pero de momento, desde mi experiencia, deseo que todo ser humano tenga la posibilidad de visitar este país, porque verdaderamente es lo mejor de lo mejor. México es un país fabuloso, pero herido por los prejuicios creados por unos medios de comunicación que sólo buscan vender unos ejemplares más. Pero para mí, México seguirá siendo lindo y querido.

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